¿Por qué el congreso tiene una alta desaprobación? Esto no es mala fortuna (“nos tocó un congreso basura”, “es el peor congreso que he visto”, “el congreso es un circo”) ni solamente responsabilidad del elector (“somos todos responsables por haber elegido mal”). Sucede algo más que no es cuestionado hasta ahora y que nos lleva a tener un congreso que no representa a la nación y, menos aun, responde a ella.

El congreso debe ser representativo, de eso no hay duda; es en sí su razón de ser, pero muy pocas veces nos hemos preguntado, ¿quién me representa? o ¿quién debería representarme? Este cuestionamiento es clave. Hoy en día muy pocos ciudadanos pueden responder a la primera, y ninguno (con excepción de quienes sean de Madre de Dios, por tener un solo congresista para toda la región) puede responder a la segunda.

¿Cómo se puede acercar el congreso a la representatividad? Simple, busquemos que la relación ciudadanía-congresista sea lo más clara posible. Esto se logra con distritos congresales definidos, donde, en lugar de pensar por quién votar dentro de más de 700 posibles opciones, se piense en una opción por partido. La selección de congresista sería más directa, uno pensaría en opciones concretas y, aun más importante, durante el periodo de ejercicio de funciones del congresista, la ciudadanía podría ejercer control sobre su congresista. Que el vínculo ciudadanía-congresista se fortalezca es crucial para tener un congreso representativo, para ejercer control sobre él y para que responda a la ciudadanía, antes que a presiones de su partido o de algún grupo que busque influenciarlo.

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