La división de poderes y el control (checks and balance) entre ellos es crucial para el funcionamiento de una democracia como tal y no desplazarnos hacia una dictadura de alguno de los poderes. En tal sentido, es importante el control que ejerce el poder legislativo sobre el ejecutivo; el hecho que el congreso sea quien debe dar el voto de confianza a un gabinete y/o ministros, y a su vez, denegar ella si así lo considera es un poder importante. Pero en el ejercicio de análisis de controles sobre poderes nace la pregunta, ¿quién ejerce mecanismos de control sobre el congreso? La respuesta teórica es simple y directa, la ciudadanía mediante las elecciones.

Sin embargo, no se tiene claridad sobre qué grupo de la ciudadanía debe observar o ejercer el control sobre qué congresista. Sin tener claridad sobre esta relación, la ciudadanía no ejercerá control necesario sobre cada congresista; simplemente demostrará indignación o admiración con respecto a los congresistas más visibles. Esto no es para nada deseable; no deberían haber congresistas que pasen desapercibidos, cada congresista debería ser fiscalizado y su trabajo observado por la ciudadanía a la que este debería representar. Esta fiscalización no se limita al seguimiento de sus votos, sino al seguimiento de sus proyectos de ley, argumentaciones en debate, temas que este (el congresista) considera debe llevarse adelante hacia las comisiones o el pleno, entre otros. Fortalezcamos la relación congresista-ciudadanía a la que este debe representar y sólo así veremos congresistas que lleven a cabo exitosamente la función de representación, la cual es vital para el funcionamiento saludable del poder del Estado más cercano a la ciudadanía.

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